Esta semana me metí en la cocina, busqué unos tarros de cristal, y me puse a envasar deseos. Tenía que elaborar con amor los deseos que les iba a dedicar a unas amigas grandes que cumplieron en junio.
El envasado de deseos no se hace en una tarde, hay que buscar los deseos, dar su punto de cocción y colocar una etiqueta en cada uno de ellos.
Los deseos han de estar representados en objetos que puedas introducir en el tarro porque de lo contrario necesitarás una olla en lugar de un bote de cristal.
Has de poner el corazón en cada uno de ellos y decirlo y explicarlo. Lo que no se dice no existe.
No olvides la salud, que es la sal en la cocina.
Ni una pinza bien bonita, que sujetar es algo importante en la vida. A veces que hay que sujetar, otras, necesitamos que nos sujeten.
Se mete todo en el tarro, no se le hace el vacío y se lleva a su destino. Este regalo no es de apertura inmediata. Se abre en casa, a solas, saboreando los deseos.
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