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jueves, 16 de abril de 2015

Japón llegó a mi vida

Si, lo asumo, llevaba meses sin dar señales de vida, señal de que la vida me ha tenido muy entretenida. Entre otros asuntos,he estado ocupando mi escaso y preciado tiempo libre alrededor de todo lo japonés que se me ha puesto por delante. Empecé en julio del año pasado y aún no he acabado de subir mi diario de viaje.  Como mis embarazos siempre han durado lo que han querido, puedo decir que mi tercer parto, el japonés, ha durado también eso. En julio del año pasado decidimos conocer el momiji* y recién llegada la primavera, casi tengo lista la aventura escrita.
No sé cuándo pensé la primera vez en Japón, pero debió ser cuando vi esta imagen la primera vez:


Después todo ha sido un ir y venir por los blogs, las guías en papel, el bienaventurado pinterest, las experiencias de amigos o conocidos que lo habían visitado... y una maravillosa coincidencia en las coordenadas de espacio/tiempo con mi amigo Fernando Platero ( un bibliotecario con vocación de samurai que ha abierto de par en par las relaciones entre Coria y Sendai), quien nos hizo un poco de allí, siendo de aquí.

Es un país hermoso,ordenado, silencioso, lleno de cosas bellas, de mezclas. Combinan las artes tradicionales con lo más extremo, coexiste la estética más moderna con  los modales más refinados , el karaoke con la ceremonia del té. El respeto impregna sus vidas, en eso, Rafa ( otro amigo bibliotecario con quien he compartido esta aventura) parece  japonés también. No voy a detenerme en sus políticas ni en sus tradiciones porque no acabaría nunca y quiero dedicar el post a lo que me ha ofrecido como visitante, nada más.


He encontrado  una estética diferente en el norte y el sur de Honshu ( Hokkaido se lo he prometido a Zuri para cumplir otro sueño). El budismo y el sintoismo dividen casi todos sus templos y espacios. Y así vengo, con el corazón partío. Adoro esos espacios austeros de clara armonía ( para disfrutarlos debes llegar a primeras horas de la mañana) y me gustan también el bermellón y los mil colores de los bulliciosos templos sintoistas.


 La primera vez que ví pasar a unas chicas con el traje tradicional ( esas yukatas y kimonos tan bonitos) por las calles de Kyoto casi fundo el móvil. Luego me acostumbré a verlas en bares, museos, comercios...de todas las edades... de todos los colores...ellos también.

 Arashiyama se quedó con mi corazón. Miyajima, la isla sagrada. Repetiría mil veces el paseo nocturno por el barrio de Gion en Kyoto. Y cien el Camino de la Filosofía. El mercado de Nishiki. La cena con Madoka y Motoko. El almuerzo con Francesco. El templo Sanjunsangendo con sus mil budas mirándome. El trayecto hasta Tokyo en shinkansen.
En Nikko alcanzamos la otra dimensión.



 Un ryokan familiar coqueto y sencillo. El río Daiya. Pasear en yucata hasta el onsen que no pude disfrutar porque el agua caliente no le sienta bien a mi cuerpo. Que una joven, en la noche ,nos acerque en coche, sin conocernos, hasta el restaurante que buscamos. La imprescindible app de  google traslator.

Tokio, la ciudad donde viven treinta y cinco millones de personas, me atrapa. Mirar la ciudad desde Metropolitan Gobernment, de noche y de día. Perderse en la otra urbe subterránea y tardar media hora en encontrar la salida. El cruce de Shibuya. El parque de Koishikawa Korakuen. El crucero por la bahía de Odaika gracias  a Mike Shirota y Setsuko. Kamakura. Todos los barrios que aparecen en las guías y nos dio tiempo recorrer pero sobre todo Harajuku, Asakusa y Shimokitazawa ( gracias a Lola, que ya es medio geisha). Yoyogi Park, por supuesto. La puntualidad horaria de los trenes y metros, el silencio, el respeto,el orden, la pulcritud de todos y cada uno de los aseos que he visitado en el país, la amabilidad.


Los chicos todos con bolso, las chicas con deportivas y trajes, los paraguas todos blancos, los zapatos de los porteadores de las rickshaw, la planta baja de los supermercados llenas de comida y dulces para llevar, el sushi, las telas, los seven eleven.

Matsushima de la mano de Yasue, Maki, Sendai, la cena con la delegación del ayuntamiento, el señor Ave san, la mediateca, el sentido de la orientación de mi amore, el regreso a Shinjuku, las tazas de los wc siempre calentitas y los seis chorros de higiene genital que incluyen.

La atenta Eva, los  palos selfies de cada esquina, los ritos en cada templo, el maguro, el tren sin conductor que pasea por las nubes hasta Odaiba, las reverencias, la sopa miso, las marcarillas para la piel, los mil puestos de comida.



Volveré cuaquier primavera para disfrutar del hanami.


*Momiji: proviene de "momizu", que significa teñir algo de rojo. De aquí ha pasado a designar las hojas del arce japonés, que adquieren un precioso color rojizo en otoño.
* Hanami: literalmente significa "ver flores". Los cerezos florecen en Japón de finales de marzo a abril y es tradición sentarse en los parques a contemplar sus flores.

jueves, 30 de mayo de 2013

Cinco claves para disfrutar del viaje

Buscando en el baúl del archivo fotosparaordenar  me encontré ayer las fotos del verano pasado. Como éste se acerca y el plan es disfrutar del sol, del tiempo, de los amigos, de la familia, del trabajo,de las lecturas, de las noches, del parque, de los helados...( aghhh me ahogo!!) y de todo lo que se cuece en los blogs...me he dicho, voy a hacer un ejercicio de limpieza purificativa de esa que los orientales recomiendan para preparar el cuerpo para la siguiente estación. Me he impuesto elegir las cinco fotos del viaje ( de las quinientas y pico) a la Toscana con las que me quedaría para recomendar el lugar y disfrutarlo sin tener que pedir permiso a los amigos por sacarles en primer plano y sin rectocar con ningún programa. Ufff, yo, que todo lo recoloco. Y me ha quedado así.


Clave número Uno: Saca la nariz de payasa del bolso y póntela cada vez que alguien pretenda hacerte una instantanea y tú no estés por la labor. O cuando te levantes torcida  y no quieras regalar un mal día a nadie. Esta calle  se merecía el posado.




Clave número Dos: Mira los lugares desde abajo, caminando por calles y plazas, alejándote de colas y taquillas.La mejor hora para ver la ciudad son las siete u ocho de la mañana... o recorrerla corriendo, como hace Zuri ( mi amante). Lo sé, sé lo que estás pensando, pero es así. Mi amigo Salvador López siempre pregunta en los mercados "¿usted dónde cómo aquí los domingos?"





Clave número Tres: Entre lugar y lugar, para, aunque no esté en el programa. En esas paradas descubres tesoros, paisajes y detalles que no están en las guías, ni en los blogs y que duran sólo el momento de disfrutarlos.



Clave número Cuatro: Elige con gusto y cariño al grupo de amigos que te acompañan. Lo importante no es el destino sino con quién viajas. Lo mejor no es decubrir nuevos lugares sino disfrutarlos en buena compañía. Es más, creo que lo hermoso no es recorrer mapas sino con quien los recorres. Y mira que a mi me gusta recorrerlos!!

                                                                                                      Foto: Jesús G. Eusebio
Clave Número Cinco: Organiza el siguiente destino como si de un cónclave se tratara. Busca una fecha, ponle mucha voluntad . Da igual si es Austria,el patio de tu casa, Fez, Murcia, Zahara de losAtunes, el campo de una amiga, la cocina de otra. Eso, eso... en las cocinas es donde se urden buenos deseos.

Pd. Como estoy en modo oriental he dicidido no incluir los nombres de los lugares a que corresponden las fotos. Busca los tuyos, disfruta con lo que te encuentres, que la Toscana es preciosa.